Las tribulaciones del misionero – F. B. Weinberg’s “El jesuita y el brujo”

Descripción por la autora:

Corre el año 1761. En la misión de Guevavi, Sonora, el padre Ygnacio Pfefferkorn S. J., se enferma de paludismo y es sanado por Yevjo, un poderoso curandero indígena pima, asistido por Patricia O’Meara, una atractiva joven, mitad pima y mitad irlandesa. Se culpa a los indígenas de un espeluznante asesinato. El padre Ygnacio, queriendo proteger a sus conversos y poniendo su vida en peligro, persigue al verdadero asesino, mientras Yevjo permanece envuelto en el misterio. Patricia, enamorada tanto del sacerdote como de Yevjo, tiene que decidir a cuál de los dos seguir.
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Reseña (la versión abreviada se halla aquí)

El jesuita y el brujo” se revela siendo una experiencia ambivalente para el lector. No es una novela policíaca, aun si hay asesinato y tentativo de resolver el crimen; es una novela situada en una localidad histórica dibujada de manera persuasiva, pero no conlleva la pesadez educativa de una novela histórica; tal vez la mejor descripción del libro se debería concentrar en la persona del padre y su tarea de misionero de la Sociedad de Jesús. 

Ciertamente, como relato de la experiencia de un misionero, la novela es apoyada en el cumplimiento de esta intención por el hecho que sea el padre Pfefferkorn, quien, en primera persona, es el narrador principal.
Pese a esto, el imagen que el lector adquiere de él no resulta muy profunda. Los sentimientos del padre son designados; sus momentos de regocijo; sus pensamientos ambivalentes con respecto a Yevjo, el curandero; su ira ante los reproches de sus superiores; sus momentos de pérdida de esperanza. Los sentimientos del padre son designados, mas no son explorados, mesurados, pesados con la finura psicológica que su caso y el estilo de la novela requería.
Es cierto que hay mejores novelas que ésta que relatan las tribulaciones de un sacerdote en su oficio (aunque ningún que sea a la misma vez misionero me viene a la mente). Tal vez el ejemplo más profundo y más ambicioso sobre el plan literario queda “Le journal d’un curé de campagne” de Georges Bernanos. Ahí el lector puede descubrir realmente lo que significa el descenso en el alma de un sacerdote bien intencionado quien ve frustrado su tarea por obstáculos incesantes y se somete a la desesperación – la novela manifiesta también que no son necesarios los agraves particulares de una vida de misionero para que un sacerdote pueda rozar los abismos del alma, muchísimo más que este padre Pfefferkorn de Weinberg lo haría jamás.

 Cuando no es Pfefferkorn quien habla, es, en algunos circunstancias, Patricia O’Meara. Y resulta bueno que estas circunstancias son raras, porque el diálogo interno de la joven resulta muy artificial. Ella piensa cosas como: “Ahora mientras voy al trote, tengo la oportunidad de pensar … “ Pero ninguna persona, mientras que ella vaya a trote sobre un caballo, piense al mismo tiempo: ahora voy al trote… Y una persona que tiene la oportunidad de pensar, no dice para sí mismo: ahora tengo la oportunidad de pensar… Lo que se hace es simplemente pensar en algo, y no pensar en teniendo la oportunidad de pensar. Otros ejemplos del mismo modo: “El terreno es muy llano en esta parte y por eso puedo cabalgar a medio galope, pero no por mucho tiempo.” “Estoy pasando por la misión.” “Ya me estoy acercando a la misión.”
Evidentemente, la autora trata de comunicar lo que se pasa al lector, pero la manera en la cual ella lo hace cuando Patricia es el narrador suena varias veces demasiado ingenua, extremando de mucho la ingenuidad que la autora, justificadamente, imputa a Patricia, que aún es una adolescente.

Cuando la novela progresa, el asesinato retrocede a un segundo plano y las preocupaciones en el trabajo del jesuita cobran más importancia. Pero la concentración en los logros y fracasos del misionero ralentiza el ritmo del relato. El vínculo entre el asesinato y las tareas del misionero no parece siempre muy claro. El lector descubre que el asesinato y su investigación, en vez de constituir el tema principal de la novela, es más bien añadido como un método para acrecentar la tensión, pero no es un elemento indispensable para el desarrollo de la historia. Esta historia, como dice el título, se va concentrando, al medida que la novela avanza, en la relación entre el jesuita y el brujo, quienes representan también la relación entre la religión cristiana y la religión indígena. El asunto del asesinato verdaderamente perdería todo interés si no fuese por las amenazas recurrentes contra la persona y vida del jesuita y que se explican por la terquedad de éste de perseguir sus indagaciones. Aparte de esto, su investigación se limita, de verdad, a unas cuantas conversaciones que no dan ningún indicio sobre como resolver el asunto. Un progreso en la investigación se efectúa solamente cuando el padre reconoce a uno de los hombres que amenazan su vida. Su modo de disfrazo raya de la lista de los sospechosos toda una clase y reduce dicha lista a algunas pocas personas. Pero no es por el razonar sobre detalles que se acumulan que el padre Pfefferkorn llegue a establecer esto; al contrario, lo debe, como dicho, a un acontecimiento interviniendo del exterior del razonar sobre el caso. Solamente así el asunto del asesinato se aclarece mucho. Esto no es el método ideal para una “novela policíaca”, cuyo atractivo depende en gran parte del placer que experimenta el lector siguiendo el sendero del razonamiento, combinando los detalles que el autor hay sembrado en el transcurso del relato, para ver finalmente perfilarse en este rompecabezas el imagen del culpable del crimen.

Que este método no es implementado en “El jesuita y el brujo” justifica plenamente que la autora haya atribuido su historia a la categoría de la “novela histórica”. Yo diría más bien que es una novela con un fondo realista histórico, pues el campo reducido de los acontecimientos en esta novela – la misión de Guevavi y su alrededor – reduce también el extenso de los detalles históricos. Este hecho gustará al lector quien prefiere que se mantenga cierta diferencia entre una novela y un libro de historia.

En consecuencia, el carácter histórico de la novela se revela principalmente en la descripción de las costumbres y creencias de los indígenas recién convertidos, la descripción del clima y del pasaje, la exposición de los labores de agricultura y de construcción, y las informaciones amplias sobre la comida de los personajes (la autora ha incluso insertado una serie de recetas al final del libro para que el lector pueda saborear por sí mismo los platos típicos a los cuales el padre Pfefferkorn se entrega). Tales datos bastan para creer un fondo verosímil para la historia. Es un punto muy fuerte del libro.   

Desgraciadamente, el libro sufre de algunos errores editoriales. En general el estilo directo es introducido por un guion, pero sucede que no es claro inmediatamente cuando el estilo directo termina, porque el fin de éste no es indicado por un nuevo párrafo, como ordinariamente, ni de otro modo ; o el guion indice el estilo directo, pero no lo hay; o hace falta el guion para indicar el comienzo del estilo directo.
Y lo que debe ser un error de traducción: cuando el padre visitante llega a la misión de Guevavi, tiene algo de importancia que él utilice el familiar “tú” con Pfefferkorn, puesto que después va a cambiarlo por el formal “usted”. Lo llamativo de este cambio es señalado por el narrador, pero aun así, en la traducción española el padre visitante y Pfefferkorn se tutean, lo que resulta algo cómico.
Finalmente, el lector tropieza con dos o tres pequeños irregularidades de información: en una página, es la “tercera parte” de la misión que se va, en la siguiente, solamente “treinta y dos de las sesenta familias” se quedan …  

En resumidas cuentas, “El jesuita y el brujo” es un relato interesante de las experiencias en una vida de misionero y se desarrolla sobre un fondo histórico convincente. Las similitudes y el conflicto entre dos concepciones diferentes de la vida – la del jesuita y la del brujo – son ilustrados. La novela es condimentado con elementos de la novela policíaca que ayudan a aumentar la tensión. Estos ingredientes aseguran que el lector, con este libro, dispone de un pasatiempo que vale el tiempo empleado para la lectura. Pero también es necesario concluir que existen novelas de tema y estilo semejantes que son mejor escritas.

Evaluación: 3 de 5 estrellas

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