extracto-resumen: El porqué de las ruinas en Quevedo

[Continuando la mini-serie iniciada con: https://simonbrenncke.wordpress.com/2017/02/19/extracto-resume-que-es-la-significacion-de-las-ruinas-en-el-siglo-de-oro/

y continuada con: https://simonbrenncke.wordpress.com/2017/02/25/extracto-resumen-como-evoluciona-el-topico-de-las-ruinas-in-el-siglo-de-oro/]

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Profeti, Maria Grazia (2003): “’Yo vi la grande y alta jerarquía’: el tema de las ruinas en Quevedo”, en: Criticón 87-88-89, 709-718.

Planteamiento: ¿A qué fin sirve la representación de las ruinas en Quevedo?

Primero Profeti ubica el poema “A la huerta del duque de Lerma” en su situación histórica. El duque fue el patrón de muchas celebraciones en la corte y de representaciones teatrales. Con esto trató de aumentar la importancia de la nobleza influyendo sobre las actividades y así el entorno del rey. Asimismo dio un gran impulso a las artes. Hasta los infantes y el futuro Felipe IV participaron en un espectáculo teatral que tuvo lugar en el palacio de Lerma. La huerta del duque se encontraba en Madrid y en 1615 resplandeció durante los festejos de bodas de personas de la casa real. Profeti cita a une fuente de ese tiempo que ofrece una descripción del esplendor de la huerta a la ocasión. 

Pero el poema de Quevedo expone la perspectiva del yo lírico sobre la huerta unas veinte años más tarde, cuando la huerta ya no se frecuentaba más. Quevedo explica en una carta que escribió el poema más por su afición al duque, al cuyo círculo había pertenecido, que por un fin artístico. Desde luego la perspectiva del poema es altamente subjetiva y el yo lírico es por todas señas el yo del escritor mismo. Contempla el abandono de la huerta y la caída de Lerma que representa, y añora su magnificencia pasada.

El soneto se caracteriza por el paralelismo y el contraste de las locuciones entre un tiempo pasado y el presente. Sin embargo, en la descripción del estado actual de la huerta el enunciador, confundiéndose con el autor, no se limita a pintar su abandono, también presenta la posibilidad de glorias presentes y futuras, porque al instante cuando escribe, el nieto del duque de Lerma, su heredero, se ha ido a la guerra. Quevedo contrapone al decaimiento de la huerta las “glorias de su acero”. Está implícita la promesa de una resurrección de la importancia de la casa de Lerma.

La estructura contrastiva culmina en el primer terceto, que por un quiasmo opone los “premios” que se deben al “venturoso” con el “escarmiento” que se debe al “aventurado”.

En el último terceto se hace hincapié en la tópica del desengaño. La arquitectura desolada parece más agradable al yo lírico que cuando fue concurrida de gente. Aunque el yo lírico apostrofa directamente a la arquitectura, Profeti nota que se dirige en realidad al destinatario del poema, al que ya en el primer terceto se ofrece la lección moral que conlleva la parábola de Lerma: lamentablemente el hombre de valores tiene que temer más la envidia que el hombre descarado; pero es la valentía misma del hombre de bien que le permitió en primer lugar obtener los bienes que le envidia el desfachatado que no puede conseguirlos.

Profeti confirma que el soneto se inscribe en la corriente del desdén por el mundo de las poemas del Siglo de Oro. Los poetas no contemplarían en las ruinas los logros de la civilización pasada, pero la verificación triste del decaimiento de su propia nación. Sin embargo, también los autores se ponen a considerar las ruinas con fines diferentes, como Lope de Vega cuando relaciona Troya caído con las vicisitudes del amor.

Profeti atribuye a Quevedo una actitud moralizadora, por la cual visitaría muy a menudo las ruinas en sus poemas, notablemente en los sonetos “Buscas en Roma a Roma” y “Miré los muros de la patria mía”. En el primero la sentencia final se presenta tanto en un quiasmo como en “Yo vi la grande y alta jerarquía”: “huyó lo que era firme, y solamente / lo fugitivo permanece y dura.” Sin embargo, es con “Miré etc.” que Profeti ve más estrecha la relación por hablar también el yo lírico. La sentencia falta tampoco: “Y no hallé cosa en que poner los ojos / que no fuese recuerdo de mi muerte.” Todo lo que contempla el enunciador y sobre lo cual medita se convierte en una representación de la muerte; incluso las instalaciones más robustas desaparecerán; la tópica del poema, tan frecuente en Quevedo, ya tiene su ascendencia en Séneca y Ovidio. El yo lírico al contemplar el espacio pública de la ciudad, el espacio del campo y el espacio de la casa en realidad contempla espacios vinculadas entre ellos, porque todos son atravesados por el poeta representando el concepto del hombre en la soledad de su vida, tanto del español sintiendo que le toca la hora al imperio español como el hombre sintiendo que sus días van acabándose.

Esos dos sonetos, sin embargo, tienen una diferencia marcada con “Yo vi la grande y alta jerarquía”, porque en este la sentencia moral no remonta a la tradición antigua aplicada al presente, pero a eventos contemporáneos del autor: el abandono de la huerta que mira el yo lírico fue causado por la carrera por influencia política, que presenció Quevedo y que lo marcó hondamente. Además, el poeta toma posición con respecto a los eventos, subrayando en su sentencia moral qué fue la causa de la caída de Lerma y destacando por adjetivas elegíacas su admiración por el duque. Y Quevedo no permite que se quite toda la gloria a la casa de Lerma, ya por la continuación de la línea en el prometedor nieto, ya por el hecho de que la “arquitectura”, aunque desolada, guarda todo su superioridad por haber caído debido a la malevolencia. Desde luego, Profeti concluye que “Yo vi la grande y alta jerarquía” contiene además del mensaje moral un mensaje político.

[La respuesta a la pregunta que he dirigido al texto es: las ruinas, en general, tienen una dimensión moral por animar a los españoles del presente de contemplar su propio destino en ellas; y según la autora solamente en un caso concreto su descripción tiene un fin político, siendo las ruinas contemporáneas. Sin embargo, hacer esta diferencia no me parece convincente, porque Quevedo al lamentar la grandeza perdida de España está cometiendo un acto altamente político. Cierto es que, haciéndolo a través de la imagen de Roma, su postura podría ser meramente general, moralizadora. Así que al escoger ruinas contemporáneas Quevedo no se esconde más detrás de la metáfora de ruinas antiguas, o más bien escoge una metáfora – las ruinas presentes – más fácil a descifrar. Por esto su incursión en la política con lo que escribe queda más evidente y es más incisiva. En este sentido sí que tiene que darse razón a la autora del artículo. Sin embargo, por seguir una tradición literaria antigua, y hablar de ruinas sobreviviendo al tiempo de la Antigüedad, los demás poemas no resultan menos pertinentes para el estado político de la nación española del tiempo de Quevedo, y no se puede quitarles de antemano la directa intención política.]

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